Duodécima contribución de Blithz Lozada al Boletín Informativo del Colegio de Politólogos de La Paz. Quinta entrega del artículo dividido en varias partes, remarcando las ideas y las contradicciones tanto de Franz Tamayo, como de Alcides Arguedas respecto a la identidad social, el racismo y la jerarquía en Bolivia. Merece particular atención, la herencia incaica y las diferencias sociales en dicha cultura. Por ejemplo, Tamayo defendió poéticamente a la aristocracia incaica formada en clara división de la nobleza y el pueblo común. El pensamiento del vate paceño expresó un racismo limitado, apreciaba la cultura europea y la formación clásica pero solo para la élite indígena y no para la plebe, según una jerarquización social y cultural basada en diferencias raciales y de estirpe. La aristocracia incaica y su descendencia elitista portarían las esencias superiores y una posición privilegiada en la sociedad, siendo de sangre noble, que corría también por sus venas del poeta, cultivando las humanidades y el saber clásico europeo. Gracias a sus virtudes culturales y morales elevadas, habría una élite india que imposibilitaría la movilidad social para los menos favorecidos. La plebe de los indios comunes tendría límites de inteligencia y capacidad, quedando destinada a desempeñar funciones tradicionales inferiores. En síntesis, el desprecio a la plebe refleja la concepción elitista de Tamayo: rechaza la igualdad social y cultural del pueblo indígena en su condición de masa popular y, personalmente, a pesar de su origen paterno, sentía complejo de inferioridad, resaltando su nobleza indígena materna como su propia autoafirmación.