Décima tercera contribución de Blithz Lozada al Boletín Informativo del Colegio de Politólogos de La Paz. Sexta y ultima entrega del artículo dividido en seis partes, que remarca la influencia de Tamayo sobre autores posteriores como Marvin Sandi, subrayando la visión mística y telúrica del indio y su actitud metafísica en silencio ante el Ser, a contrahílo de la acción del hombre occidental. Además, remarca la riqueza del mundo indígena, desarrollando conceptos del voluntarismo y el racismo, difundiendo mitos seculares de la energía y la cultura india, con fábulas de imaginarios profundos. Varios escritores estudiaron a Tamayo, destacando las obras de Guillermo Francovich y Mariano Baptista Gumucio; aunque es posible aún interpretar su visión del mundo y conceptos filosóficos. Paralelamente, incluso en vida de Tamayo, hubo críticas muy duras contra él y su pensamiento, tal es el caso, por ejemplo, de Augusto Guzmán Patzi. El racismo de Tamayo consistía en aseverar la persistencia y resistencia moral y física del indio, su supuesta pureza cultural como base de la identidad nacional y la narración heroica de la raza indígena con actitud paternalista. Dicha raza sería superior al blanco y al mestizo, por su energía telúrica; siendo depositaria de virtudes elitistas invencibles que fomentan prejuicios. Tamayo idealizó la moral del indio, atribuyéndole honestidad, sobriedad, respeto a la tradición y la ley, además de resistencia física y moral inconmensurable, justificando su visión de la nación. El indio sería el guardián de las tradiciones por su carácter moral, corporeidad y energía, capaz de sostener y definir la identidad del pueblo boliviano. Tal narrativa idealizada y romántica interpreta de modo distorsionado la historia y la cultura, abogando por el retorno a un pasado mítico, existente apenas en el discurso paternalista y fantástico del autor, favoreciendo una visión nostálgica y excluyente que alimenta la retaliación racial y refuerza estereotipos. Son prejuicios colectivos ahondados por hipérboles racistas que favorecen la auto-complacencia y la ideología elitista, sugiriendo que la nación boliviana debe fortalecer su identidad a partir de la energía y las virtudes de la raza indígena, bajo un manto de romanticismo y utopía.