El artículo despliega un enfoque filosófico-político que reconfigura la educación en Bolivia, considerando la preeminencia simbólica en el nivel inicial y primario; en el secundario y técnico, la preeminencia horizontal y en el universitario y de postgrado, la preeminencia vertical. La dimensión simbólica forma representaciones colectivas para el futuro social; la horizontal promueve la libertad, la justicia y el sentido de comunidad; en tanto que la vertical facilita la formación profesional y científica con estructuras jerárquicas y conocimiento técnico. El texto analiza cómo la educación debe ser parte de la construcción de un proyecto nacional basado en la justicia social y el humanismo. Considera los modelos educativos y de política, analizando cómo articulan dinámicas de poder. Aristóteles, por ejemplo, veía a la polis como escenario para el bien común, en tanto que para autores como John Dewey, la educación es un instrumento para la democracia y la ciencia. El artículo concluye con orientaciones para políticas educativas, enfatizando la necesidad de superar enfoques memorísticos y de promover una formación crítica, autónoma y culturalmente valorada, en línea con los desafíos del siglo XXI, siendo potencial transformador de la sociedad.