Contribución de Blithz Lozada por solicitud del editor de la revista de la Carrera de Ciencias de la Educación de la UMSA. El texto reflexiona sobre la responsabilidad del profesional en la disciplina, teniendo en cuenta las demandas educativas y la valoración del rol formador con proyección humanista y chances de aporte a la investigación. El papel del profesional es ejercer formación crítica, ideológicamente consciente y socialmente comprometida. Debe ir más allá de la mera competencia técnica, promoviendo valores de solidaridad, justicia y denuncia de las inequidades educativas y sociales. Su misión es motivar a reflexionar críticamente sobre la realidad y a participar activamente en la construcción de un mundo mejor, rechazando la reproducción de desigualdades y el control ideológico promovido por intereses económicos y políticos. Tal profesional debe involucrarse en actividades académicas, de investigación y de gestión, promoviendo posturas ideológicas activas que cuestionen los discursos dominantes y los valores neoliberales que, so pretexto del desarrollo, profundizan la desigualdad socioeconómica. La formación crítica y contextualizada del educador es un instrumento para desafiar las estructuras opresivas y promover el cambio social; más, cuando la educación es utilizada para reproducir y legitimar el orden establecido, favoreciendo los intereses del capital y a las élites dominantes, en detrimento de los sectores populares y de los más vulnerables.