Contribución de Blithz Lozada a la Revista Kollasuyo de la Carrera de Filosofía de la UMSA, a fines de 2002. El texto analiza cómo ciertos escritos coloniales, como el llamado Anónimo de Yucay, justifican teológica y políticamente la conquista española, presentándola como la salvación espiritual del orden legítimo, frente a la supuesta tiranía y los “pecados contra natura” de los indígenas. Ante tal discurso, el autor enfatiza volver a los mitos andinos y tratarlos como “ciclos míticos” estructurados y expresivos de la lógica de las sociedades que los produjeron, siguiendo sobre todo a Henrique Urbano y la tipología de Mircea Eliade. El texto valora los mitos porque permite concebir el tiempo y las ideas políticas entrelazándolos con la cultura, de manera que, por ejemplo, ciclos como la fundación del Cusco, con Manco Cápac y Mama Ocllo como protagonistas, son vistos profundamente, allende la concepción anecdótica y popular. Asimismo, los ciclos de los Viracocha, los Ayar y los chancas evidencian la organización simbólica tri-funcional (política, religiosa y económica) con el cuarto término que es disruptivo (por ejemplo, Taguapaca y Ayar Cachi), siendo encarnación del conflicto y de la posibilidad de generar un pachacuti o inversión del orden. A partir de los mitos de Huarochirí y otros materiales, el autor interpreta patrones numéricos (de 3, 4, 5 o 6 partes), además de figuras como el Amaru, Waman y el Inca, que articulan nociones del tiempo circular, reversible y liminal, con alternación y complementación en la cosmovisión y en la política.