El libro refiere la publicación centenaria de los 55 editoriales de Franz Tamayo que aparecieron en el matutino El Diario en 1910, constituyendo después su magna obra: Creación de la pedagogía nacional. Lozada analiza desde los puntos de vista de la historia, la educación, la filosofía, la poesía y los estudios culturales, varios textos del polímata paceño, mostrando cómo influyó en la conciencia nacional y en las políticas educativas y sociales del país. Si bien es elogioso en varios aspectos, el libro argumenta incontestablemente que Tamayo expresa un profundo contenido racista, impactante en la historia, el pensamiento y la política. Muestra el esencialismo y el telurismo del pensador, representante de la mística de la tierra; aunque, su obra  en verso y en prosa cultivó la lengua castellana. Remarca Lozada que Tamayo se opuso a las reformas educativas liberales de principios del siglo XX, manifiestas, por ejemplo, en la fundación de la Escuela de Maestros y Preceptores de Bolivia en Sucre, por el pedagogo belga Georges Rouma, considerándola una imitación alienante, apenas pletórica de retórica hueca y expresiva del bovarysmo que no aborda el problema de la identidad nacional. Esta debería explicitarse con el reconocimiento de la fuerza y la energía de la nación radicada en la raza indígena. El bardo despreció el mestizaje, la aculturación y los valores de la Ilustración. Creyó que los mestizos y los blancos americanos no tendrían misión histórica alguna, siendo inocuos y parasitarios; en tanto que repelía los valores de la democracia, los derechos humanos y el racionalismo; motivando el aislamiento cultural y político indígena. Lozada destaca que Tamayo fue un intelectual de cultura oceánica y estilo polémico devastador, marcado por su gran egolatría que le motivó a afirmar: "¡la sociedad paceña soy Yo!”. Además de que las ideas de Tamayo legitimarían tendencias místicas, autoritarias y antidemocráticas, la exaltación del indio se dio con un fuerte paternalismo, debiendo evidenciarse, por ejemplo, que, siendo latifundista, no propuso reforma agraria alguna, suponiendo la incapacidad de los indios para realizar tareas políticas y filosóficas. En el proceso de investigación, el autor del libro advirtió que en dos hemerotecas de gran importancia en la sede de gobierno, arrancaron las páginas de El Diario de julio a septiembre de 2010 que contenían los 55 editoriales.