Contribución a la Revista Khana, del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz. Muestra cómo se multiplicaron y predominarían las falacias en el discurso político en Bolivia, ocasionando graves consecuencias a la democracia deliberativa. Usualmente, en el mundo entero, los políticos incurren en sofismas, también mienten enunciando proposiciones falsas aunque, es posible que aseveren juicios verdaderos; Bolivia no es diferente. Pero, en el país andino y en la coyuntura analizada, las falacias abundan en el discurso político, generándose una lógica sinsentido que pervierte la deliberación racional y que se regocija en violar los principios básicos de la argumentación, incluso del sentido común. La sustentación de discursos políticos está marcada por la arbitrariedad, el cinismo y el abuso, sin responder a los cuestionamientos. Se trata de un fenómeno mundial típico de la postmodernidad, aunque en el escenario andino se constela como un universo del discurso signado por el oscurantismo la intolerancia, la instrumentación de la subjetividad, y por actitudes histriónicas y gestos de poder de carácter extra-lógico, eludiendo el tratamiento racional de las cuestiones de interés público, allí donde estas cuestiones surgen y retornan.