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Exploración de la imagen mítica de la Filosofía en la figura del ave de Atenea. Inspirado en Hegel que introdujo el búho asociado con la sabiduría, el texto analiza cómo esta disciplina, al igual que el ave pequeña de la diosa, levantaría vuelo en el crepúsculo, desplegando la tarea de reconocimiento de lo sucedido sin rejuvenecerlo. El artículo narra cómo Cronos devoraba a sus hijos hasta que Zeus derrotó a su padre. Atenea, diosa de la sabiduría, la guerra justa y las artes, nació de la cabeza de Zeus; siendo representada con un ave pequeña que evoca el conocimiento de lo que acontece siempre post festum, no dirige la realidad, sino que, con la vigilancia nocturna y la prudencia, consuma el saber, cerciorándose de que acontezca lo que debe suceder. El autor hace referencia a los tres significados del tiempo entre los griegos: cronos es el tiempo lineal que devora todo lo que existe en la línea de lo sucesivo y finito, kairós es el instante intenso que da brillo deslumbrante a lo instantáneo y aión es el tiempo cíclico que determina la repetición eterna de todo lo que vuelve. Esto último refiere la visión estructural del tiempo que permitiría comprender los ciclos naturales y las edades mitológicas que, a pesar de que refieran la decadencia de la historia desde una idealizada época de oro, introducirían componentes de esperanza en las repeticiones. Pero, no se trata de la esperanza en el final teleológico de la historia; sino, como lo concibieron los griegos, es el devenir que se repite en el retorno; evidenciándose una concepción distinta de la teleología hegeliana que fija el movimiento dialéctico de los acontecimientos, orientados según el progreso hacia el final, alcanzado por la realización del espíritu en la libertad plena y por la autoconciencia del saber absoluto.