El artículo analiza el alcance del fragmento de Heráclito referido a que Pólemos (la guerra) sería el padre de todas las cosas. Se trata de una concepción ontológica profunda relacionada con la idea de que todo fluye. En efecto, el movimiento, la transformación y el devenir de las cosas, entendidos como leyes universales, tendrían lugar a partir de la contienda entre los opuestos. La realidad que incluiría a dioses; hombres, libres y esclavos; a las cosas; los objetos de la naturaleza y al mundo en general, existirían en lucha indefinida de los contrarios que las constituirían. La diversidad cósmica, histórica y natural no sería producto de una paz definitiva; cualquier situación de estabilidad consistiría, indefectiblemente, en un momento efímero, marcando la guerra a la realidad con el sello de lo inevitable e indefinido. Son interesantes en el texto, el contexto del filósofo efesio: el imperio persa fundado por Ciro II el Grande en el siglo VI a. C. y expandido desde el Mediterráneo hasta el subcontinente indio, combinando la guerra con tácticas de control que se cristalizaron en las satrapías y en las concesiones culturales manifiestas; las conquistas y las derrotas persas; la rebelión jonia y el fracaso de Ciro frente a la reina escita Tomiris. Asimismo, el artículo explora los fragmentos referidos al brebaje agitado, el cicen, efectuando consideraciones concernientes a la discordia (la diosa Eris) y a la justicia (la diosa Dike).