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El texto analiza las ideas de Aristóteles respecto de la ética y la política, particularmente, en el contexto de la esclavitud griega y de la civilización occidental. En la medida en que los amos tendrían, por naturaleza, el cuerpo y el alma que les corresponda y, recíprocamente, los esclavos sean por naturaleza, sujetos de cuerpos fuertes con almas sometidas a los dictámenes de sus amos; sería posible concebir que la ciudad-Estado alcanzaría la felicidad como fin de la vida colectiva. Es decir, la naturaleza de amos y esclavos definiría que la polis griega se constituya en el espacio donde el ser humano sea plenamente tal, según lo que su naturaleza le dicte, motivándole a realizar, social y políticamente. A partir de las consideraciones sobre los regímenes de gobiernos normales y decadentes, el texto aborda la jerarquía de dichas formas, con la monarquía ideal como el concepto teórico supremo, aunque, para su plenitud política requeriría que haya “un dios entre los hombres”.