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Contraste de Sócrates con los sofistas; oposición de quien busca la verdad dialogando y la actitud de los comerciantes que venden sus servicios retóricos y persuasivos, sin importarles la verdad y sin detenerse en la manipulación de los que pagan apenas por aprender la grandilocuencia lucrativa y las formas estilizadas del discurso. El texto valora cómo Platón retrata a Sócrates que, empleando el método mayéutico, hace evidentes ante la luz de la razón y para vergüenza de los sofistas, las falacias y los errores de estos negociantes; alcanzando solo la apariencia, maniobrando las emociones, recurriendo a adornos y afirmándose como detentores del poder del discurso que enarbolan, incluso impotentes de analizar las paradojas. Refiriendo mitos griegos como el del anillo de Giges y el mito de la caverna, al parecer, elaborados por Platón; el texto muestra el sentido de la vida de Sócrates, lo concibe como el filósofo por excelencia y valora su actitud valiente y consecuente ante la muerte. En lugar de escapar de la condena bebiendo la cicuta, el filósofo ateniense ironizó con sus últimas palabras, expresó lo siguiente: "debemos un gallo a Asclepio". Así recuerda a su entorno de amigos presentes que también él espera que su alma llegue a la Isla de los Bienaventurados.