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Recreación filosófica y literaria en torno a la muerte de Heráclito. Muestra que las narraciones sobre su muerte, devorado por animales, situación intencionalmente provocada por él mismo; aunque sean extremas, expresarían la culminación de su pensamiento. Aquejado de hidropesía, Heráclito habría provocado su final, buscó liberar su alma metamorfoseando el cuerpo, en cumplimiento del devenir. Irónicamente, con hidropesía, se impermeabilizó con excremento de buey para impedir la eliminación de líquidos, se negó a evacuar y a beber, exponiéndose al sol, consumó el final. Su muerte, seguida por la desaparición total del cuerpo, simboliza su doctrina del tránsito de los elementos y el cambio continuo del ser, simbólicamente expresado en el fuego como arjé. A esta muerte corporal se suma la segunda muerte de Heráclito. Es la destrucción de su obra escrita, depositada en el templo de Artemisa y quemada por Eróstrato, un personaje movido por el odio y el deseo de fama. El pastorcillo que descubrió los secretos de Heráclito tuvo una revelación paradójica: vio al fuego como principio originario y también como causa de la perdición de su alma. Sucumbió a la ambición, quemó el manuscrito y destruyó las ideas del Oscuro de Éfeso. Ambas muertes simbolizan la consumación de los dictámenes heraclíteos del conflicto y la transformación.